jueves, 24 de mayo de 2018

Sobre la afirmación: "la sociedad la construimos todos"


Breve correlación lógica entre lo individual y lo colectivo.

Hace poco escuché una grabación de una docente de  la Universidad de la República, que intentaba transmitir  a los alumnos  la responsabilidad que todos tenemos  frente a la construcción social. Concretamente dijo: “La sociedad la construimos todos”.
Es en esa oración en la que nos vamos a detener para analizar su significado y describir la observación realizada por el orador.
No creo que existan muchas dificultades para estar de acuerdo con el significado de esta oración en particular. Es posible que al menos la mayoría de nosotros intuyamos que expresa una verdad.  Al compartir su esencia, la verdad que parece transmitir,  nosotros mismos nos podemos  transformar en esos observadores de la sociedad,  quienes percibimos que “la sociedad la construimos todos”, con lo que podemos ahora dejar de lado  a la docente y desde esta perspectiva continuar avanzando en el análisis.
En el acto de observación de un hecho como el precedente, se encuentra el observador situado frente a una realidad a la que describe, la cual esconde una verdad; queda  claro que esa verdad es independiente de la capacidad  que  el sujeto tenga de aprehenderla.
Al respecto, podríamos plantearnos  al menos tres conjeturas:
1)      El observador comprende en forma completa  a la realidad que observa y desde esa toma de conciencia surge el enunciado,  de cuyas implicancias   el sujeto es totalmente consciente.
2)      El observador comprende sólo parcialmente la realidad,  y desde  lo comprendido  verbaliza un enunciado  que pretende traducirla,  sin tener plena conciencia de su profundidad y extensión en el campo de los hechos,  pues no lo ha abarcado completamente; la toma de conciencia es parcial, fragmentaria; es decir que el enunciado, la oración, tiene, en el plano de los hechos que pretende reflejar,  un alcance mucho mayor  al que el orador le ha adjudicado.  Aun así el enunciado en sí mismo  puede ser verdadero, puede traducir la verdad, ser una copia fiel de la verdad, sólo que el orador se percata  tan sólo de una parte de ella.
3)      El observador percibe la realidad pero no la  comprende y su conclusión es equivocada; aquí el enunciado y la realidad no se relacionan en absoluto desde el momento en que el primero no refleja ningún atributo del segundo, o lo hace en forma distorsionada.
La oración que compartimos específicamente,  nos plantea la  existencia de una sociedad;  otra inferencia es la construcción de la misma por  todos.
La existencia de la sociedad es un hecho tangible e incontrovertible, aunque algunos detalles a este respecto lo veremos más adelante. Además, se intenta transmitir desde esta frase un sentido de responsabilidad en la hechura de lo colectivo,  responsabilidad que abarca  a todos sus miembros y no tan sólo a algunos, y obviamente eso también implica al observador, al orador. 
Es ese “la construimos todos”  lo que nos puede llevar  a una profunda reflexión sobre el grado de involucramiento del  individuo, o sea, de cada uno de nosotros, en ese “todos”  y en esa construcción; sólo una indagación profunda y minuciosa nos colocará  en la situación que hemos  mencionado arriba como la  primera conjetura y nos alejará de la visión parcial, propia de  la situación que hemos descripto como segunda conjetura. Es muy claro que la observación “la sociedad la construimos todos” no es un error, por lo que en este caso la tercera conjetura debe ser descartada como una opción a considerar.
Al decir “todos”,  echa entonces por tierra a un mito: que los únicos responsables del estado de lo colectivo son  los políticos , los economistas,  los imperios, los que determinan las pautas culturales desde el poder,  los que  acorde a un sistema determinado y respondiendo a determinados intereses toman  decisiones ;  es muy claro que ellos tienen una gran responsabilidad , pero la oración apunta a concientizarnos de que  todos tenemos la nuestra, desde el momento en que somos también constructores.  Esto es muy claro desde el momento en que nadie puede afirmar  “no incido en lo colectivo”.
A los efectos de comprender en forma completa el significado de esta oración y por tanto del hecho  que transmite, debemos primero advertir que la situación descripta en la segunda  conjetura es una posibilidad real  y  sobre todo debemos percibir muy claramente  que tal vez estemos incluidos en esa visión parcial del hecho de la construcción de la sociedad por todos.
 Eso significa que, siendo constructores de la sociedad, tal vez seamos conscientes tan sólo de una parte de lo que construimos. Este punto es crucial y también  lo es el que esta reflexión no se limite a un mero ejercicio intelectual.
Para ser conscientes de todo lo que construimos en lo colectivo debemos ante todo atravesar nuestras propias barreras defensivas;  puede que ellas  tengan el rol de proteger nuestra autoimagen,  pero si deseamos saber toda la verdad y no tan sólo una parte de ella,  no tan sólo la parte que nos agrada conocer,  debemos ir más allá de esa muralla.
Hasta ahora es probable que hayamos advertido que con nuestro aporte, gracias a nuestra voluntad y esfuerzo, a nuestras buenas intenciones, a nuestra tenacidad, a nuestro trabajo, al compromiso que manifestamos  con la nación o con alguna otra causa, construimos lo colectivo;  de hecho, la oración que analizamos  o similares,  se suelen utilizar  cuando un orador intenta transmitir   a  un interlocutor o a un auditorio un determinado valor que considera incide positivamente en lo social –más allá que efectivamente tenga o no tal incidencia-. 
Entonces es probable que sólo nos sintamos responsables de los aspectos que valoramos como positivos de la sociedad y si bien puede que nos percatemos de algún aspecto que valoramos como negativo de nosotros mismos, los minimizamos o pensamos que no tienen incidencia en lo colectivo o directamente no les prestamos atención, los consideramos normales, los justificamos. 
Pero nosotros  queremos descubrir toda la verdad, no parte de ella.
Entonces, si hemos dado por veraz a la expresión “la sociedad la construimos todos” y  ésta tiene evidentes aspectos negativos,  a éstos últimos los construimos todos.  Se trata de un enunciado lógico derivado de la oración original.
Siendo más específicos, si a la sociedad la construimos todos y ésta alberga en su seno los fenómenos de la injusticia social, de la hambruna, de las guerras, etc.,   puede que seamos  también responsables de ello en alguna medida aunque no apretemos el gatillo ni le quitemos el pan directamente  a otro ser humano.
En otras palabras, considerando a esos aspectos y otros semejantes el lado destructivo de la civilización, podríamos deducir lógicamente que si a la sociedad la construimos todos también la destruimos todos.
Puede que esta afirmación  hiera nuestro narcisismo pero tiene el amparo de la lógica.
Algo así es muy difícil de apreciar pues somos el fruto de generaciones que han estado cargando la responsabilidad de la fealdad del mundo al sistema, a los políticos, a los economistas, a las multinacionales, o sea a “los otros”. Ellos obviamente tienen su responsabilidad pero  nosotros como individuos  ¿no tenemos la nuestra?  Obviamente todo sugiere que sí, por lo que urge la toma de conciencia, ese “darse cuenta”  que  posea toda la capacidad  de transformarnos  y modificar así nuestra incidencia en el conjunto.
La mayoría de nosotros ha criticado alguna vez al sistema o  incluso quizás esté enfrascado en una lucha contra el sistema, pero sin este sinceramiento  puede que lo que escribamos con la mano lo estemos borrando cotidianamente con el codo.
La búsqueda constante de resultados  es  un condicionamiento culturalmente transmitido, y puede que sea necesario para la vida cotidiana,  en el campo laboral o tecnológico;  aplicándolo en este caso específico que nos ocupa, podríamos  por ejemplo  argüir que el darnos cuenta de nuestra responsabilidad individual es algo inconducente, pues el sistema, algunos políticos, algunos imperios, las multinacionales, las naciones, etc. continuarán operando de la misma forma y generando las mismas consecuencias;
Pero nosotros no llegamos hasta aquí buscando resultados sino que tan sólo intentamos  apreciar la verdad en un acto de sinceramiento  con nosotros mismos,  por el cual intentamos  saber a ciencia cierta  cuál es nuestro papel  integral en la génesis de lo colectivo.
Para ello debemos entender a lo colectivo, con todos sus matices,  como la expresión más grandilocuente de lo que somos individualmente y viceversa. Esto debe ser así desde el momento en que en nuestra civilización  no hay compartimentos estancos y hay  entre individuo y sociedad mutua influencia e interacción.
Desde que nacemos estamos sometidos a una red de influencias  que involucra a nuestra familia, amistades, educación curricular, propaganda, medios de comunicación, etc., todo lo cual  deja  una impronta en nuestra psique bajo forma de cierto condicionamiento desde el cual  se genera nuestro pensamiento y acción; también nuestras propias experiencias personales, incluso las  basadas en el  libre albedrío,  condicionan en algún sentido nuestras acciones futuras.
Lo colectivo pues nos condiciona acorde a su imagen  y nosotros incidimos en nuestro entorno a través del hecho de la relación.  De ese modo lo colectivo se auto-perpetúa.
A lo largo de nuestra vida, nuestra relación nos proporciona el único sector de lo colectivo con el que estamos en contacto en forma factual; el resto, que abarcamos a través de conceptos como   “la humanidad”, “la sociedad”, es para nosotros y  en último término,  una abstracción, aunque ésta refleje efectivamente algo existente.
Por lo tanto nuestro mundo real se manifiesta ante nosotros en la relación; así  para un individuo determinado,  lo colectivo está conformado factualmente por las personas con las que se relaciona a lo largo del tiempo; esto es igualmente válido  para su contacto real con todo el entorno.
Y es en la relación con los demás y con lo demás, en la que transmitimos valores y aspectos psicológicos surgidos y seleccionados principalmente  desde el sistema de influencias en el que hemos estado inmersos. 
Es desde allí en donde, cada uno de nosotros somos constructores de la sociedad.
Somos pues parte del sistema de influencias  que tienen las demás personas con las que nos relacionamos. De esta interacción surge toda la estructura social que conocemos.
El sistema – me refiero a todo el sistema de influencias, no sólo al sistema capitalista, neo liberal o cualquier otro-  se ha encargado de hacernos cómplices de sus valores al transmitírnoslos.
Del sistema (de influencias) y de la programación que deja el mismo a través de la cultura-vista esta desde una perspectiva amplia- provienen el afán adquisitivo, el  egoísmo , la codicia, el exitismo, la frustración,  la violencia,  el fenómeno del poder  (como necesidad ad infinitum de ampararse en alguna clase de autoridad para pensar y actuar  o por el contrario bajo forma de  dominación), la necesidad de vivir psicológicamente amparados dentro de fronteras como las del  nacionalismo , políticas, o  religiosas o de otro tipo, que determinan nuestra predilección por “los nuestros” y la indiferencia hacia “los otros”  ; estos y otros factores presentes en alguna medida en nosotros ,   son los que extendidos a lo social se traducen en el  caos      imperante. 
El  “modelo económico basado  en el crecimiento” está terminando con la belleza de la tierra, y es probable que acabe con la humanidad toda, pero nosotros tenemos nuestra propia economía basada en el crecimiento sin la cual  el primero resultaría inoperante.
Por lo tanto  quienes consideren al “sistema” como algo ajeno a sí mismos, no ven que cada uno de nosotros “somos” el sistema, estamos impregnados por los valores que le son útiles. No nos exime de ello el hecho de luchar o haber luchado  en contra del sistema o sostener una ideología contraria a los intereses del sistema –sea éste cual fuera-.

Cuando uno comprende integralmente y sin resistencias   que interiormente carga con toda esta estructura de consecuencias tan nefastas, ese momento marca el fin de la estructura.

Entonces desde  uno mismo comienza a cambiar  la cualidad de la construcción de lo colectivo y ese “la humanidad la construimos todos” tiene un significado por completo diferente.

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