Breve correlación lógica
entre lo individual y lo colectivo.
Hace
poco escuché una grabación de una docente de
la Universidad de la República, que intentaba transmitir a los alumnos
la responsabilidad que todos tenemos
frente a la construcción social. Concretamente dijo: “La
sociedad la construimos todos”.
Es
en esa oración en la que nos vamos a detener para analizar su significado y
describir la observación realizada por el orador.
No
creo que existan muchas dificultades para estar de acuerdo con el significado
de esta oración en particular. Es posible que al menos la mayoría de nosotros
intuyamos que expresa una verdad. Al
compartir su esencia, la verdad que parece transmitir, nosotros mismos nos podemos transformar en esos observadores de la sociedad, quienes percibimos que “la sociedad la
construimos todos”, con lo que podemos ahora dejar de lado a la docente y desde esta perspectiva
continuar avanzando en el análisis.
En
el acto de observación de un hecho como el precedente, se encuentra el observador
situado frente a una realidad a la que describe, la cual esconde una verdad;
queda claro que esa verdad es
independiente de la capacidad que el sujeto tenga de aprehenderla.
Al
respecto, podríamos plantearnos al menos
tres conjeturas:
1)
El observador comprende
en forma completa a la realidad que
observa y desde esa toma de conciencia surge el enunciado, de cuyas implicancias el sujeto es totalmente consciente.
2)
El observador comprende
sólo parcialmente la realidad, y
desde lo comprendido verbaliza un enunciado que pretende traducirla, sin tener plena conciencia de su profundidad
y extensión en el campo de los hechos,
pues no lo ha abarcado completamente; la toma de conciencia es parcial,
fragmentaria; es decir que el enunciado, la oración, tiene, en el plano de los
hechos que pretende reflejar, un alcance
mucho mayor al que el orador le ha
adjudicado. Aun así el enunciado en sí
mismo puede ser verdadero, puede
traducir la verdad, ser una copia fiel de la verdad, sólo que el orador se
percata tan sólo de una parte de ella.
3)
El observador percibe la
realidad pero no la comprende y su
conclusión es equivocada; aquí el enunciado y la realidad no se relacionan en
absoluto desde el momento en que el primero no refleja ningún atributo del
segundo, o lo hace en forma distorsionada.
La
oración que compartimos específicamente,
nos plantea la existencia de una
sociedad; otra inferencia es la
construcción de la misma por todos.
La
existencia de la sociedad es un hecho tangible e incontrovertible, aunque
algunos detalles a este respecto lo veremos más adelante. Además, se intenta
transmitir desde esta frase un sentido de responsabilidad en la hechura de lo
colectivo, responsabilidad que
abarca a todos sus miembros y no tan
sólo a algunos, y obviamente eso también implica al observador, al orador.
Es
ese “la construimos todos” lo que nos
puede llevar a una profunda reflexión
sobre el grado de involucramiento del
individuo, o sea, de cada uno de nosotros, en ese “todos” y en esa construcción; sólo una indagación
profunda y minuciosa nos colocará en la
situación que hemos mencionado arriba
como la primera conjetura y nos alejará
de la visión parcial, propia de la
situación que hemos descripto como segunda conjetura. Es muy claro que la
observación “la sociedad la construimos todos” no es un error, por lo que en
este caso la tercera conjetura debe ser descartada como una opción a
considerar.
Al decir “todos”, echa entonces por tierra a un mito: que los
únicos responsables del estado de lo colectivo son los políticos , los economistas, los imperios, los que determinan las pautas
culturales desde el poder, los que acorde a un sistema determinado y
respondiendo a determinados intereses toman
decisiones ; es muy claro que
ellos tienen una gran responsabilidad , pero la oración apunta a
concientizarnos de que todos tenemos la nuestra, desde el
momento en que somos también constructores.
Esto es muy claro desde el momento en que nadie puede afirmar “no incido en lo colectivo”.
A
los efectos de comprender en forma completa el significado de esta oración y
por tanto del hecho que transmite,
debemos primero advertir que la situación descripta en la segunda conjetura es una posibilidad real y
sobre todo debemos percibir muy claramente que tal vez estemos incluidos en esa visión
parcial del hecho de la construcción de la sociedad por todos.
Eso significa que, siendo constructores de la
sociedad, tal vez seamos conscientes tan
sólo de una parte de lo que construimos. Este punto es crucial y
también lo es el que esta reflexión no
se limite a un mero ejercicio intelectual.
Para
ser conscientes de todo lo que
construimos en lo colectivo debemos ante todo atravesar nuestras propias
barreras defensivas; puede que
ellas tengan el rol de proteger nuestra
autoimagen, pero si deseamos saber toda la verdad y no tan sólo una parte
de ella, no tan sólo la parte que nos
agrada conocer, debemos ir más allá de
esa muralla.
Hasta
ahora es probable que hayamos advertido que con nuestro aporte, gracias a
nuestra voluntad y esfuerzo, a nuestras buenas intenciones, a nuestra
tenacidad, a nuestro trabajo, al compromiso que manifestamos con la nación o con alguna otra causa, construimos
lo colectivo; de hecho, la oración que
analizamos o similares, se suelen utilizar cuando un orador intenta transmitir a un
interlocutor o a un auditorio un determinado valor que considera incide
positivamente en lo social –más allá que efectivamente tenga o no tal
incidencia-.
Entonces
es probable que sólo nos sintamos responsables de los aspectos que valoramos
como positivos de la sociedad y si bien puede que nos percatemos de algún
aspecto que valoramos como negativo de nosotros mismos, los minimizamos o
pensamos que no tienen incidencia en lo colectivo o directamente no les
prestamos atención, los consideramos normales, los justificamos.
Pero
nosotros queremos descubrir toda la verdad, no parte de ella.
Entonces,
si hemos dado por veraz a la expresión “la sociedad la construimos todos”
y ésta tiene evidentes aspectos
negativos, a éstos últimos los
construimos todos. Se trata de un
enunciado lógico derivado de la oración original.
Siendo
más específicos, si a la sociedad la construimos todos y ésta alberga en su
seno los fenómenos de la injusticia social, de la hambruna, de las guerras,
etc., puede que seamos también responsables de ello en alguna medida
aunque no apretemos el gatillo ni le quitemos el pan directamente a otro ser humano.
En
otras palabras, considerando a esos aspectos y otros semejantes el lado
destructivo de la civilización, podríamos deducir lógicamente que si a la
sociedad la construimos todos también la destruimos todos.
Puede
que esta afirmación hiera nuestro
narcisismo pero tiene el amparo de la lógica.
Algo
así es muy difícil de apreciar pues somos el fruto de generaciones que han
estado cargando la responsabilidad de la fealdad del mundo al sistema, a los
políticos, a los economistas, a las multinacionales, o sea a “los otros”. Ellos
obviamente tienen su responsabilidad pero
nosotros como individuos ¿no
tenemos la nuestra? Obviamente todo
sugiere que sí, por lo que urge la toma de conciencia, ese “darse cuenta” que
posea toda la capacidad de
transformarnos y modificar así nuestra
incidencia en el conjunto.
La
mayoría de nosotros ha criticado alguna vez al sistema o incluso quizás esté enfrascado en una lucha
contra el sistema, pero sin este sinceramiento
puede que lo que escribamos con la mano lo estemos borrando
cotidianamente con el codo.
La
búsqueda constante de resultados es un condicionamiento culturalmente
transmitido, y puede que sea necesario para la vida cotidiana, en el campo laboral o tecnológico; aplicándolo en este caso específico que nos
ocupa, podríamos por ejemplo argüir que el darnos cuenta de nuestra
responsabilidad individual es algo inconducente, pues el sistema, algunos
políticos, algunos imperios, las multinacionales, las naciones, etc.
continuarán operando de la misma forma y generando las mismas consecuencias;
Pero
nosotros no llegamos hasta aquí buscando resultados sino que tan sólo
intentamos apreciar la verdad en un acto
de sinceramiento con nosotros mismos, por el cual intentamos saber a ciencia cierta cuál es nuestro papel integral en la génesis de lo colectivo.
Para
ello debemos entender a lo colectivo, con todos sus matices, como la expresión más grandilocuente de lo
que somos individualmente y viceversa. Esto debe ser así desde el momento en
que en nuestra civilización no hay
compartimentos estancos y hay entre
individuo y sociedad mutua influencia e interacción.
Desde
que nacemos estamos sometidos a una red de influencias que involucra a nuestra familia, amistades,
educación curricular, propaganda, medios de comunicación, etc., todo lo
cual deja una impronta en nuestra psique bajo forma de
cierto condicionamiento desde el cual se
genera nuestro pensamiento y acción; también nuestras propias experiencias
personales, incluso las basadas en
el libre albedrío, condicionan en algún sentido nuestras
acciones futuras.
Lo colectivo pues nos
condiciona acorde a su imagen y nosotros
incidimos en nuestro entorno a través del hecho de la relación. De ese modo lo colectivo se auto-perpetúa.
A lo largo de nuestra
vida, nuestra relación nos proporciona el único sector de lo colectivo con el
que estamos en contacto en forma factual; el resto, que abarcamos a través de
conceptos como “la humanidad”, “la
sociedad”, es para nosotros y en último
término, una abstracción, aunque ésta
refleje efectivamente algo existente.
Por lo tanto nuestro
mundo real se manifiesta ante nosotros en la relación; así para un individuo determinado, lo colectivo está conformado factualmente por
las personas con las que se relaciona a lo largo del tiempo; esto es igualmente
válido para su contacto real con todo el
entorno.
Y es en la relación con
los demás y con lo demás, en la que transmitimos valores y aspectos
psicológicos surgidos y seleccionados principalmente desde el sistema de influencias en el que
hemos estado inmersos.
Es desde allí en donde,
cada uno de nosotros somos constructores de la sociedad.
Somos pues parte del
sistema de influencias que tienen las
demás personas con las que nos relacionamos. De esta interacción surge toda la
estructura social que conocemos.
El sistema – me refiero a
todo el sistema de influencias, no sólo al sistema capitalista, neo
liberal o cualquier otro- se ha
encargado de hacernos cómplices de sus valores al transmitírnoslos.
Del sistema (de
influencias) y de la programación que deja el mismo a través de la
cultura-vista esta desde una perspectiva amplia- provienen el afán adquisitivo,
el egoísmo , la codicia, el exitismo, la
frustración, la violencia, el fenómeno del poder (como necesidad ad infinitum de ampararse en
alguna clase de autoridad para pensar y actuar
o por el contrario bajo forma de
dominación), la necesidad de vivir psicológicamente amparados dentro de
fronteras como las del nacionalismo ,
políticas, o religiosas o de otro tipo,
que determinan nuestra predilección por “los nuestros” y la indiferencia hacia
“los otros” ; estos y otros factores
presentes en alguna medida en nosotros ,
son los que extendidos a lo social se traducen en el caos
imperante.
El “modelo económico basado en el crecimiento” está terminando con la
belleza de la tierra, y es probable que acabe con la humanidad toda, pero
nosotros tenemos nuestra propia economía basada en el crecimiento sin la
cual el primero resultaría inoperante.
Por lo tanto quienes consideren al “sistema” como algo
ajeno a sí mismos, no ven que cada uno de nosotros “somos” el sistema, estamos
impregnados por los valores que le son útiles. No nos exime de ello el hecho de
luchar o haber luchado en contra del
sistema o sostener una ideología contraria a los intereses del sistema –sea
éste cual fuera-.
Cuando uno comprende
integralmente y sin resistencias que
interiormente carga con toda esta estructura de consecuencias tan nefastas, ese
momento marca el fin de la estructura.
Entonces desde uno mismo comienza
a cambiar la cualidad de la construcción
de lo colectivo y ese “la humanidad la construimos todos” tiene un significado
por completo diferente.
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