sábado, 2 de junio de 2018

Crónicas de una muerte necesaria: un final para el viejo condicionamiento


Cualquier grupo humano es, cualitativamente hablando, una muestra estadísticamente significativa de la humanidad. En realidad uno mismo es una muestra estadísticamente significativa de la humanidad, aunque un profesional que se dedique a las  estadísticas no compartiría esta afirmación. La humanidad toda conoce lo que es la inseguridad, el temor, la comparación , la imitación, la ambición, el egoísmo, el movimiento egocéntrico, todo el inmenso fenómeno del condicionamiento humano que se plasma en cada uno de nosotros y que ha sido inculcado desde la cultura, la tradición, la propaganda, el medio y las propias experiencias.Y cada uno de nosotros sabemos muy bien lo que esos ingredientes psicológicos significan pues están en nuestro interior y se expresan acorde a las circunstancias.

Crecemos y nos formamos con lo que otros nos han inculcado: la necesidad de sentirnos amparados y apegados al grupo, a la secta y  tener sentido de pertenencia con respecto a la nación de tal forma de considerarnos a nosotros mismos como chinos, hindúes, argentinos o uruguayos –jamás se nos transmite  que las fronteras son ilusorias y  conducen al caos-,  la necesidad de tener éxito, de llegar a ser alguien,  el miedo a no llegar a ser,  el afán adquisitivo, la inseguridad de no llegar a conseguir, la comparación más allá del campo técnico,  la sensación de minusvalía o de omnipotencia al compararnos, y luego el temor a perder aquellas cosas las que ahora nos apegamos y con las que hemos “tapado” la inseguridad original.

Si tan sólo echáramos un vistazo a todo aquello que nos proporciona seguridad (más allá del alimento, refugio, abrigo y salud) estaríamos cara a cara con las bases de nuestro condicionamiento.

 Esto sucede como fenómeno personal en el que como individuos somos impactados por el sistema; pero quienes crean que el sistema se reduce tan sólo a determinadas líneas económicas y políticas están en un error pues es mucho más que eso: me refiero a todo el sistema de influencias  que impacta en nosotros desde la niñez más temprana en la que somos totalmente vulnerables a las influencias: nuestros padres, nuestra familia, amigos, vecinos, la educación formal, la propaganda, los medios de comunicación, las jerarquías y hasta nuestras propias experiencias y convicciones ideológicas son todas fuentes de condicionamiento.

De este modo, el sistema no es algo ajeno a nosotros sino que somos nosotros mismos. El que lo veamos como algo ajeno contra lo que tenemos que luchar, evade esta verdad primordial y lo auto-perpetúa pues en todo caso intentamos borrar con el codo lo que en nuestro accionar cotidiano  escribimos con la mano.

Parte  fundamental del condicionamiento implica el estar convencidos que no hay ninguna otra forma posible de actuar,  de ser, que la resultante de acoplarse al molde de lo colectivo so pena de caer en el desorden de la anarquía y ser segregado o directamente expulsado del grupo. Este es otro mecanismo de auto-perpetuación del sistema, lo que en forma real equivale a  mantener el mayor de los desórdenes: hambrunas, guerras e injusticias sociales de todo tipo.

Pero si muchos individuos se liberaran de este mecanismo que atrapa al hombre en las entrañas de lo colectivo haciéndole un mero replicador de sus fundamentos, ¿qué sociedad construirían? En realidad, sería un gran paso para la humanidad si estuviéramos en condiciones de plantearnos  esta pregunta; pero ellos, los del futuro, deberían contestarla,  no nosotros. Nuestro papel es  en este tiempo no contestar esta pregunta sino  poner freno al mecanismo que genera este gran desorden,  individualmente, en cada uno de nosotros, si es que nos sentimos al menos en parte responsables de lo que sucede en el marco social actual.

De no hacerlo (tal como ha venido sucediendo hasta ahora) estaremos condenando a las generaciones futuras a nuestra propia suerte, más adversa aún  debido a  la sumatoria de  nuevas causas y efectos.

Luego de ser programado, uno le devuelve a la sociedad que lo formó  -comenzando con nuestros hijos- , la misma moneda. Es el condicionamiento operando. Es condicionamiento pues respondemos acorde a ese patrón, acorde a esa norma, a ese “piloto automático” que nos dicta el rumbo, que nos impele a actuar, a pensar, a sentir, a necesitar. Tan simple como eso. No hay que darle más vueltas.

Consiguiendo, acoplándonos nos sentimos seguros. Uno ha encontrado seguridad en la dependencia. ¿vemos eso?. Es nuestra vida.


Una persona materialista diría “no me molesten con eso, déjenme preocuparme de mi cuenta bancaria, estoy preocupado por cambiar mi casa”, y morirá con eso a menos que algo le suceda antes, algo muy fuerte que le haga cuestionar su actitud o se hastíe por completo. No tiene conflicto en las ideas en ese nivel, no desea ser otra cosa, pero su vida está plagada de conflicto que él ha aceptado -segado por la ambición- a cambio del confort, el cual le da placer.

Una persona que se ha hastiado de eso o tal vez le ha sucedido algo traumático, algo se derrumbó en su vida, o tal vez sólo se plantea seriamente las cosas, ya saben las diferentes etapas por las que todos podemos pasar o tal vez porque se siente preocupada, infeliz, tiene problemas en la relación, etc. puede que comience un camino de búsqueda “espiritual” (no suelo usar esa palabra porque creo firmemente que actualmente no traduce nada más que condicionamiento religioso o esotérico). El buscador espiritual está en conflicto. Eso es obvio. Tiene una idea que ha proyectado como meta: “ser más espiritual”, “ la paz” ,“el nirvana”, “el samadhi” o estar a la derecha de dios padre. Lo mismo da. Está en conflicto –ideal vs, hecho real de lo que soy- porque si no, no estaría buscando y no sentiría la necesidad de pertenecer a ningún grupo, congregación, o secta. Carga con el condicionamiento y aspira a otra cosa. Apela a distintos métodos, a rituales, a prácticas y queda condicionado por ellos. Ha agregado a la lista un condicionamiento “espiritual” y pueda que recoja algo de su propia proyección, paz auto proyectada, experiencias auto proyectadas en la meditación, el afecto del grupo que encubre su soledad, etc. El hecho no ha cambiado, lo que uno realmente es permanece igual, pero vive ahora en la idea de lo que debería ser. Está en conflicto aunque no lo asuma, aunque “hable espiritualmente” o haya adquirido ciertos manerismos esotéricos o religiosos muy refinados. El materialista y el buscador espiritual que se ha planteado no ser nacionalista se encuentran en el estadio y se abrazan en el estadio ante un gol de Uruguay. Dos o tres vueltas más de manija y tal buscador ha entrado en la maquinaria de poder dentro de la congregación. Ya saben que el conocimiento también da poder, sobre todo si se lo brindamos a "alguien que no lo posee". El ego se esconde en cada hueco que encuentra y desde allí se manifiesta.


Uno es todo ese condicionamiento que se ha incrustado en nuestra bioquímica cerebral. Así como se sabe que la ansiedad tiene un perfil bioquímico en el cerebro es obvio que el condicionamiento en su conjunto también lo tiene. No es diferente el condicionamiento a nosotros mismos. Soy el resultado de mis experiencias, soy mis apegos, mis proyecciones, depresiones, angustias, mis sufrimientos con alguna que otra alegría, mis temores, traumas, recuerdos, la búsqueda del éxito y del placer, los logros y los fracasos- y mis reacciones a ellos…, soy el conocimiento, la violencia, las creencias, el aceptar o negar lo que otros hayan dicho, “mi camino” con su separatividad, lo que me agradaría ser y no fui o lo que me gustaría tener y no tuve, mis deseos, codicia, deseos de continuidad aquí o en el más allá, mis deseos de estabilidad y certeza. Soy el resultado de la tradición, de la cultura que me ha condicionado con y sin mi consentimiento, el producto de la educación, de mis padres y amigos, de los consejos y la propaganda y el apego a todo ese contenido. Soy todos esos pensamientos, ideas , agrupados en un centro desde el cual recibo y respondo. Soy todo ese conocimiento acumulado, que en el presente exacto es algo muerto pues corresponde al pasado. Por ello, es tan sencillo percibir que el"yo" es una ilusión.
Es claro que uno puede además cuestionar la realidad del mundo material como lo hizo Kant y lo hacen los "advaitistas" y lo hicieron los hindúes con el concepto de maya, y algún físico cuántico (nadie sabe nada de física cuántica, sólo los físicos cuánticos, pero muchos se hacen gárgaras con la física cuántica, perdonen la disgresión ) pero ellos mismos agacharían la cabeza si alguien les tira un ladrillo, por lo que en la práctica es especulación.
Uno ha encontrado seguridad en eso que es, en su estructura, una seguridad que es ilusoria, no sólo porque pertenece a lo muerto, sino porque la sociedad se ha construido en base a todo eso y estamos al borde del precipicio o mejor, en caída libre. Uno ha encontrado seguridad en el retener un insulto o un halago o una buena experiencia porque le guiará en un sentido u otro en el mañana, pero eso implica quedar condicionados por la propia experiencia. Uno retiene lo muerto – los hechos pasados- para guiarse en lo nuevo y lo único vivo: el presente, y por eso las experiencias propias condicionan y pasan a formar parte del yo, de lo que soy.
 
Pregunto muy seriamente:  ¿qué le pasa a la mente cuando ve que en eso no hay seguridad en absoluto, que no hay seguridad en el yo, en todo el ego, en el conocimiento de ese tipo retenido, no en una parte sino en todo el ego? ¿Qué le pasa cuando ve que para escapar de la inseguridad ha acumulado y en lo acumulado no encuentra seguridad sino sólo dependencia? Este no es un tema intelectual, sino que estamos hablando de hechos. Mientras esta pregunta permanezca en el plano de las ideas dando vueltas, es sencillamente porque uno sigue sintiendo la seguridad en el plano de lo que uno es, con sus condicionamientos religiosos y la parafernalia de las creencias y los rituales, los condicionamientos materiales, en la ofensa guardada, en el halago, en la imagen de uno mismo, o sea en todo lo que uno es. Pero no puede apoyarse un pie en el yo y otro pie en la libertad, dios, la paz o el amor.
Si hicimos el viaje juntos de hecho en hecho y no de idea en idea o de palabra en palabra, verán que esa mente tiene ahora la cualidad de la libertad con respecto al viejo condicionamiento.


En ese punto,  la percepción es sencillamente la misma vida manifestándose y es el estado más simple de existencia humana.
La libertad con respecto al viejo condicionamiento genera, claramente,  una nueva condición, un punto de partida nuevo, el cual se actualiza a cada instante, en cada mañana al abrir los ojos, en cada momento, sin que pensemos en ello. La mente está en su condición original, y la conciencia, la capacidad de darse cuenta de…  es ahora la conciencia original.

El momento es ahora. No hay otro momento. Mientras uno establezca el mañana, está perdido en el ideal, en lo que debe ser, en lo que debe hacer, lo que equivale a estar atrapado en el tiempo como futuro y pasado.

Pero nosotros no tenemos un mañana. La toma de conciencia urge;  la sensibilidad, el amor, la libertad,  se deben manifestar hoy pues la relación es hoy. Hoy  vamos a relacionarnos con nuestros hijos, con la gente, con el bosque. Todo depende de cada uno de nosotros y debemos responder hoy.

Este acto de conciencia, integral, completo y sin propósito,  es lo que nos confirma a nosotros, los humanos, como entidades con una  cualidad "espiritual".

jueves, 24 de mayo de 2018

La meditación y otras búsquedas trascendentes


Desde los tiempos más remotos, y al percibir lo efímero de la vida, al sentirse inseguro, inestable, temeroso de la muerte, del sufrimiento o la desgracia,  el hombre ha proyectado algo que está más allá de la existencia terrena, algo santo, divino, que se encuentra en otra dimensión, que no tiene fin, algo permanente, que sea capaz de cuidar y proteger sus intereses, de prosperarlo, de derrotar a sus enemigos. Le ha llamado  Dios, Jehová, Atman, el Ser, el Absoluto, Alá o Brahma, etc
 
También el hombre ha establecido que del encuentro con esa divinidad –creación de su pensamiento- surge un estado de iluminación, santidad, arrobamiento, éxtasis, de samadhi, satori, moksha, ananda, etc; entonces, lo que él mismo denominó sagrado  se transforma en objeto de su búsqueda. Así, extiende el campo de la codicia al área espiritual; es un camino más fácil y menos doloroso quizás, que tomar plena conciencia de ella.  De esta forma,  los estados psicológicos –principalmente emocionales- surgidos de ese virtual encuentro, no tienen chance de ser otra cosa que el fruto de mera auto-sugestión.

Las distintas  religiones, las disciplinas llamadas esotéricas y otras formas de creencias espirituales organizadas,  a través de sus portavoces - los sacerdotes, los profetas, los pastores, los gurúes, los yogis orientales u occidentales con pomposos títulos en sánscrito, los "maestros iluminados"  (que siempre tienen expresiones muy solemnes, y hablan como si estuvieran diciendo cosas importantes)  - nos dicen que debemos tener fe ;  además  nos enseñan distintos preceptos que debemos cumplir, métodos,  rituales que debemos realizar, nos entregan en las manos libros que ellos llaman sagrados  para que de esa forma seamos beneficiados por la gracia de la clase de dios que ellos dicen adorar, sea tal beneficio la prosperidad  y seguridad en esta vida ,  o sentarse a la diestra de dios padre  tras la muerte, o una reencarnación sin muchos disturbios en la vida próxima, o si es posible, todo a la vez.

Algunas religiones o disciplinas orientales, nos aseguran que sentándonos con la espalda recta, forzando al cerebro a no pensar, repitiendo sílabas adormecedoras  (en oriente se realiza esto deteniendo  la respiración al límite de la anoxia y muerte), o  parándonos de cabeza por un tiempo determinado, podremos llegar al éxtasis y adquirir una conciencia plena y conoceremos a lo que está más allá del tiempo, a lo sagrado. Otros, más arriesgados (Lysebeth, 1990), prefieren introducirse  una sonda por la uretra o se friegan con bosta de vaca. 
Pero dejando de lado a los fieles repitiendo lo que  se les ha enseñado, los que realmente prosperan con toda esta industria, son las corporaciones religiosas,   las pequeñas y las grandes empresas místicas, religiosas, esotéricas, yógicas, etc. -algunas de ellas verdaderas multinacionales-. Muchas se han erigido como muy complejos centros de poder  que manejan fuertes sumas de dinero, fruto de diezmos,colaboraciones, donaciones y sustentosos arreglos económicos  que incluyen la financiación de sus actividades por  el gobierno de turno. Baste a  modo de ejemplo, (laicismo, s. f.), citar lo que ocurre tan sólo en España, en donde, una de estas corporaciones, la iglesia católica,  recibió entre el 2010 al 2015 como concepto del IRPF, 1.240 millones de euros. Sin duda, otros destinos de ese dinero hubieran sido mucho más útiles a la humanidad, teniendo en cuenta que tan sólo enYemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia hay 1.4 millones de niños en condiciones de hambruna (ONU, 2015).
En lo que respecta a la relación entre el dinero, el poder  y las corporaciones religiosas, esto es sólo una gota en el océano. Lo dejaremos por hoy pues no es la finalidad de este artículo profundizar en estos aspectos.

Parece caro que desde nuestro hastío por lo material, desde el temor a no proseguir, o desde nuestro existir más o menos desgraciado,  nos lanzamos a la conquista de la cáscara y acudimos a algunos expertos en cáscara que nos atraparán en sus redes y nos cobrarán para indicarnos  cómo hacerlo, con  apariencia de solemnidad y autoridad.  

Pero si  en lugar de escapar de nosotros mismos buscando consuelo en el espejismo que hemos proyectado más adelante del camino , simplemente exploráramos qué nos sucede, qué es lo que somos, cómo estamos conformados, no necesitaríamos de los religiosos, de los expertos, de los pensadores.

Entonces  habríamos, por primera vez quizás, encarado toda esta cuestión seriamente.

Meditar es precisamente tomar conciencia de nuestro interior y de nuestra relación con lo colectivo, no hacer piruetas respiratorias ni sentarnos a repetir sílabas para atontarnos o cantar cánticos hindúes sin significado alguno; el rezo, el ritual, el escuchar un sermón con postura de mojigato, tampoco nos transformará en forma alguna;

La verdadera meditación no huele a incienso;  es una  revolución que comienza cuando nos percatamos que somos lo colectivo y que con nuestro pensar, con nuestras costumbres, con nuestra acción cotidiana, acorde a nuestro estado de conciencia , construimos lo colectivo;  en la meditación nos percatamos de que nuestras inclinaciones nacionalistas , fragmentarias, nuestro sectarismo religioso o de otro tipo,  construyen las fronteras desde las que se plasma el conflicto , base de todas  las guerras ; y nos tornamos conscientes que de mantener ese patrón,  aunque no disparemos directamente, somos también responsables; tomamos conciencia de que nuestra codicia, el afán adquisitivo, el exitismo, el egoísmo, nuestra vida superficial , son canales que conducen a la desigualdad, a la hambruna y a la miseria colectivas.

Meditar es percibir que en el mundo no hay compartimentos estancos.

Esta conciencia revolucionaria hace temblar  en nuestro interior todos los  cimientos de la tradición, de la cultura,  con todo su viejo condicionamiento;

La verdadera meditación, trae así al mundo,  un ser nuevo,  profundamente ligado a todo lo existente y por ello, la meditación contiene en sí misma la semilla sagrada de la religión.

Puede que un individuo así se encuentre con lo intemporal, pero eso ya no tiene importancia.





Referencias

Laicismo, R. y. (s. f.). El Congreso exigirá al Tribunal de Cuentas que fiscalice los 250 millones del IRPF que recibe la Iglesia. Recuperado 8 de julio de 2017, a partir de http://www.eldiario.es/politica/Congreso-Tribunal-Cuentas-fiscalice-iglesia_0_600540365.html

O.N.U. (2015). El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. Place of publication not identified: Food & Agriculture Org.
                                                                                        
Lysebeth, A. V. (1990). Tantra: el culto de lo femenino. Urano.