jueves, 24 de mayo de 2018

La meditación y otras búsquedas trascendentes


Desde los tiempos más remotos, y al percibir lo efímero de la vida, al sentirse inseguro, inestable, temeroso de la muerte, del sufrimiento o la desgracia,  el hombre ha proyectado algo que está más allá de la existencia terrena, algo santo, divino, que se encuentra en otra dimensión, que no tiene fin, algo permanente, que sea capaz de cuidar y proteger sus intereses, de prosperarlo, de derrotar a sus enemigos. Le ha llamado  Dios, Jehová, Atman, el Ser, el Absoluto, Alá o Brahma, etc
 
También el hombre ha establecido que del encuentro con esa divinidad –creación de su pensamiento- surge un estado de iluminación, santidad, arrobamiento, éxtasis, de samadhi, satori, moksha, ananda, etc; entonces, lo que él mismo denominó sagrado  se transforma en objeto de su búsqueda. Así, extiende el campo de la codicia al área espiritual; es un camino más fácil y menos doloroso quizás, que tomar plena conciencia de ella.  De esta forma,  los estados psicológicos –principalmente emocionales- surgidos de ese virtual encuentro, no tienen chance de ser otra cosa que el fruto de mera auto-sugestión.

Las distintas  religiones, las disciplinas llamadas esotéricas y otras formas de creencias espirituales organizadas,  a través de sus portavoces - los sacerdotes, los profetas, los pastores, los gurúes, los yogis orientales u occidentales con pomposos títulos en sánscrito, los "maestros iluminados"  (que siempre tienen expresiones muy solemnes, y hablan como si estuvieran diciendo cosas importantes)  - nos dicen que debemos tener fe ;  además  nos enseñan distintos preceptos que debemos cumplir, métodos,  rituales que debemos realizar, nos entregan en las manos libros que ellos llaman sagrados  para que de esa forma seamos beneficiados por la gracia de la clase de dios que ellos dicen adorar, sea tal beneficio la prosperidad  y seguridad en esta vida ,  o sentarse a la diestra de dios padre  tras la muerte, o una reencarnación sin muchos disturbios en la vida próxima, o si es posible, todo a la vez.

Algunas religiones o disciplinas orientales, nos aseguran que sentándonos con la espalda recta, forzando al cerebro a no pensar, repitiendo sílabas adormecedoras  (en oriente se realiza esto deteniendo  la respiración al límite de la anoxia y muerte), o  parándonos de cabeza por un tiempo determinado, podremos llegar al éxtasis y adquirir una conciencia plena y conoceremos a lo que está más allá del tiempo, a lo sagrado. Otros, más arriesgados (Lysebeth, 1990), prefieren introducirse  una sonda por la uretra o se friegan con bosta de vaca. 
Pero dejando de lado a los fieles repitiendo lo que  se les ha enseñado, los que realmente prosperan con toda esta industria, son las corporaciones religiosas,   las pequeñas y las grandes empresas místicas, religiosas, esotéricas, yógicas, etc. -algunas de ellas verdaderas multinacionales-. Muchas se han erigido como muy complejos centros de poder  que manejan fuertes sumas de dinero, fruto de diezmos,colaboraciones, donaciones y sustentosos arreglos económicos  que incluyen la financiación de sus actividades por  el gobierno de turno. Baste a  modo de ejemplo, (laicismo, s. f.), citar lo que ocurre tan sólo en España, en donde, una de estas corporaciones, la iglesia católica,  recibió entre el 2010 al 2015 como concepto del IRPF, 1.240 millones de euros. Sin duda, otros destinos de ese dinero hubieran sido mucho más útiles a la humanidad, teniendo en cuenta que tan sólo enYemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia hay 1.4 millones de niños en condiciones de hambruna (ONU, 2015).
En lo que respecta a la relación entre el dinero, el poder  y las corporaciones religiosas, esto es sólo una gota en el océano. Lo dejaremos por hoy pues no es la finalidad de este artículo profundizar en estos aspectos.

Parece caro que desde nuestro hastío por lo material, desde el temor a no proseguir, o desde nuestro existir más o menos desgraciado,  nos lanzamos a la conquista de la cáscara y acudimos a algunos expertos en cáscara que nos atraparán en sus redes y nos cobrarán para indicarnos  cómo hacerlo, con  apariencia de solemnidad y autoridad.  

Pero si  en lugar de escapar de nosotros mismos buscando consuelo en el espejismo que hemos proyectado más adelante del camino , simplemente exploráramos qué nos sucede, qué es lo que somos, cómo estamos conformados, no necesitaríamos de los religiosos, de los expertos, de los pensadores.

Entonces  habríamos, por primera vez quizás, encarado toda esta cuestión seriamente.

Meditar es precisamente tomar conciencia de nuestro interior y de nuestra relación con lo colectivo, no hacer piruetas respiratorias ni sentarnos a repetir sílabas para atontarnos o cantar cánticos hindúes sin significado alguno; el rezo, el ritual, el escuchar un sermón con postura de mojigato, tampoco nos transformará en forma alguna;

La verdadera meditación no huele a incienso;  es una  revolución que comienza cuando nos percatamos que somos lo colectivo y que con nuestro pensar, con nuestras costumbres, con nuestra acción cotidiana, acorde a nuestro estado de conciencia , construimos lo colectivo;  en la meditación nos percatamos de que nuestras inclinaciones nacionalistas , fragmentarias, nuestro sectarismo religioso o de otro tipo,  construyen las fronteras desde las que se plasma el conflicto , base de todas  las guerras ; y nos tornamos conscientes que de mantener ese patrón,  aunque no disparemos directamente, somos también responsables; tomamos conciencia de que nuestra codicia, el afán adquisitivo, el exitismo, el egoísmo, nuestra vida superficial , son canales que conducen a la desigualdad, a la hambruna y a la miseria colectivas.

Meditar es percibir que en el mundo no hay compartimentos estancos.

Esta conciencia revolucionaria hace temblar  en nuestro interior todos los  cimientos de la tradición, de la cultura,  con todo su viejo condicionamiento;

La verdadera meditación, trae así al mundo,  un ser nuevo,  profundamente ligado a todo lo existente y por ello, la meditación contiene en sí misma la semilla sagrada de la religión.

Puede que un individuo así se encuentre con lo intemporal, pero eso ya no tiene importancia.





Referencias

Laicismo, R. y. (s. f.). El Congreso exigirá al Tribunal de Cuentas que fiscalice los 250 millones del IRPF que recibe la Iglesia. Recuperado 8 de julio de 2017, a partir de http://www.eldiario.es/politica/Congreso-Tribunal-Cuentas-fiscalice-iglesia_0_600540365.html

O.N.U. (2015). El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. Place of publication not identified: Food & Agriculture Org.
                                                                                        
Lysebeth, A. V. (1990). Tantra: el culto de lo femenino. Urano.

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