Desde los tiempos más remotos, y al percibir lo
efímero de la vida, al sentirse inseguro, inestable, temeroso de la muerte, del
sufrimiento o la desgracia, el hombre ha
proyectado algo que está más allá de la existencia terrena, algo santo, divino,
que se encuentra en otra dimensión, que no tiene fin, algo permanente, que sea
capaz de cuidar y proteger sus intereses, de prosperarlo, de derrotar a sus
enemigos. Le ha llamado Dios, Jehová,
Atman, el Ser, el Absoluto, Alá o Brahma, etc
También el hombre ha establecido que del encuentro
con esa divinidad –creación de su pensamiento- surge un estado de iluminación,
santidad, arrobamiento, éxtasis, de samadhi, satori, moksha, ananda, etc;
entonces, lo que él mismo denominó sagrado
se transforma en objeto de su búsqueda. Así, extiende el campo de la
codicia al área espiritual; es un camino más fácil y menos doloroso quizás, que
tomar plena conciencia de ella. De esta
forma, los estados psicológicos
–principalmente emocionales- surgidos de ese virtual encuentro, no tienen
chance de ser otra cosa que el fruto de mera auto-sugestión.
Las distintas
religiones, las disciplinas llamadas esotéricas y otras formas de
creencias espirituales organizadas, a
través de sus portavoces - los sacerdotes, los profetas, los pastores, los
gurúes, los yogis orientales u occidentales con pomposos títulos en sánscrito,
los "maestros iluminados" (que
siempre tienen expresiones muy solemnes, y hablan como si estuvieran diciendo cosas
importantes) - nos dicen que debemos
tener fe ; además nos enseñan distintos preceptos que debemos
cumplir, métodos, rituales que debemos
realizar, nos entregan en las manos libros que ellos llaman sagrados para que de esa forma seamos beneficiados por
la gracia de la clase de dios que ellos dicen adorar, sea tal beneficio la
prosperidad y seguridad en esta vida
, o sentarse a la diestra de dios
padre tras la muerte, o una reencarnación
sin muchos disturbios en la vida próxima, o si es posible, todo a la vez.
Algunas religiones o disciplinas orientales, nos
aseguran que sentándonos con la espalda recta, forzando al cerebro a no pensar,
repitiendo sílabas adormecedoras (en
oriente se realiza esto deteniendo la
respiración al límite de la anoxia y muerte), o
parándonos de cabeza por un tiempo determinado, podremos llegar al
éxtasis y adquirir una conciencia plena y conoceremos a lo que está más allá
del tiempo, a lo sagrado. Otros, más arriesgados (Lysebeth, 1990), prefieren
introducirse una sonda por la uretra o
se friegan con bosta de vaca.
Pero dejando de lado a los fieles repitiendo lo
que se les ha enseñado, los que
realmente prosperan con toda esta industria, son las corporaciones
religiosas, las pequeñas y las grandes empresas místicas,
religiosas, esotéricas, yógicas, etc. -algunas de ellas verdaderas
multinacionales-. Muchas se han erigido como muy complejos centros de
poder que manejan fuertes sumas de
dinero, fruto de diezmos,colaboraciones, donaciones y sustentosos arreglos
económicos que incluyen la financiación
de sus actividades por el gobierno de
turno. Baste a modo de ejemplo,
(laicismo, s. f.), citar lo que ocurre tan sólo en España, en donde, una
de estas corporaciones, la iglesia católica,
recibió entre el 2010 al 2015 como concepto del IRPF, 1.240 millones de
euros. Sin duda, otros destinos de ese dinero hubieran sido mucho más útiles a
la humanidad, teniendo en cuenta que tan sólo enYemen, Sudán del Sur, Nigeria
y Somalia hay 1.4 millones de niños en condiciones de hambruna (ONU, 2015).
En lo que respecta a la relación entre el dinero,
el poder y las corporaciones religiosas,
esto es sólo una gota en el océano. Lo dejaremos por hoy pues no es la
finalidad de este artículo profundizar en estos aspectos.
Parece caro que desde nuestro hastío por lo material, desde el
temor a no proseguir, o desde nuestro existir más o menos desgraciado, nos lanzamos a la conquista de la cáscara y
acudimos a algunos expertos en cáscara que nos atraparán en sus redes y nos
cobrarán para indicarnos cómo hacerlo,
con apariencia de solemnidad y autoridad.
Pero si en lugar de escapar de nosotros mismos buscando consuelo en el espejismo que hemos proyectado más adelante del camino , simplemente exploráramos qué nos sucede, qué es lo que somos, cómo estamos conformados, no necesitaríamos de los religiosos, de los expertos, de los pensadores.
Pero si en lugar de escapar de nosotros mismos buscando consuelo en el espejismo que hemos proyectado más adelante del camino , simplemente exploráramos qué nos sucede, qué es lo que somos, cómo estamos conformados, no necesitaríamos de los religiosos, de los expertos, de los pensadores.
Entonces habríamos, por primera vez quizás, encarado toda esta cuestión seriamente.
Meditar es precisamente tomar conciencia de nuestro
interior y de nuestra relación con lo colectivo, no hacer piruetas respiratorias
ni sentarnos a repetir sílabas para atontarnos o cantar cánticos hindúes sin
significado alguno; el rezo, el ritual, el escuchar un sermón con postura de
mojigato, tampoco nos transformará en forma alguna;
La verdadera meditación no huele a incienso; es una
revolución que comienza cuando nos percatamos que somos lo colectivo y que con nuestro pensar, con nuestras
costumbres, con nuestra acción cotidiana, acorde a nuestro estado de conciencia
, construimos lo colectivo; en la meditación nos percatamos de que
nuestras inclinaciones nacionalistas , fragmentarias, nuestro sectarismo
religioso o de otro tipo, construyen las fronteras desde las que se
plasma el conflicto , base de todas las guerras ; y nos tornamos
conscientes que de mantener ese patrón, aunque no disparemos
directamente, somos también responsables; tomamos conciencia de que nuestra
codicia, el afán adquisitivo, el exitismo, el egoísmo, nuestra vida superficial
, son canales que conducen a la desigualdad, a la hambruna y a la miseria
colectivas.
Meditar es percibir que en el mundo no hay
compartimentos estancos.
Esta conciencia revolucionaria hace temblar en nuestro interior todos
los cimientos de la tradición, de la
cultura, con todo su viejo
condicionamiento;
La verdadera meditación, trae así al mundo, un ser nuevo,
profundamente ligado a todo lo existente y por ello, la meditación
contiene en sí misma la semilla sagrada de la religión.
Puede que un individuo así se encuentre con lo intemporal, pero eso ya
no tiene importancia.
Referencias
Laicismo, R. y. (s. f.). El Congreso exigirá
al Tribunal de Cuentas que fiscalice los 250 millones del IRPF que recibe la
Iglesia. Recuperado 8 de julio de 2017, a partir de http://www.eldiario.es/politica/Congreso-Tribunal-Cuentas-fiscalice-iglesia_0_600540365.html
O.N.U. (2015). El estado de la inseguridad
alimentaria en el mundo. Place of
publication not identified: Food & Agriculture Org.
Lysebeth, A. V. (1990). Tantra: el culto de
lo femenino. Urano.